De la política se espera capacidad anticipatoria. Por Maria Herminia Grande .

El gobierno debe pensar en 4 palabras: inversión, prevención, estrategia y consensos. De hacer ésto, logrará también esa otra palabra, tan esquiva como deseada: confianza.

El 17 de octubre el presidente Alberto Fernández fue hacia los trabajadores; al igual que en la coalición gobernante, también hay sectores a conciliar. Una vez más debiera actuar como amable componedor, si tuviera tiempo para ello. Para alivio de propios y extraños fue solo. Nadie desea ni aconseja, la separación de los Fernández. Sí se espera que el Presidente vuelva al estado pre-Vicentín. El Presidente necesita “recalcular” su gobierno: ocho de cada diez argentinos manifiestan que su preocupación está depositada en los casilleros de lo económico y de la seguridad, sin dejar de lado la preocupación por el Covid-19.

El 1% de los más ricos posee el 60% de los bienes de la población mundial, y ¡no existe un árbitro que acomode los tantos! Los organismos mundiales no funcionan con eficacia y los liderazgos en el mundo están diezmados. Ante este panorama desolador más que nunca, los países y en lo posible las regiones deben trabajar en la búsqueda de una equidad hoy absolutamente inexistente.

Las encuestas señalan a la política las prioridades de la gente. Y están en lo cierto. Una vez más la ciudadanía mundial -y en ella nosotros y nuestra región- espera que la política muestre capacidad anticipatoria y que utilice ese sustantivo que define a aquello vinculado con el futuro: prospectiva.

Hace unos meses la revista Science evaluó económicamente el daño de la pandemia. Menciona U$S 2.6 billones. Pero lo más notable es que considera que este daño se multiplicaría por diez. Lo más importante que el análisis refleja es que, con un 2% de estas cifras utilizadas como inversión en prevención –U$S 30 mil millones anuales-, sería suficiente para anticiparse y reducir el impacto de ésta, y otras posibles pandemias. Recuerda el Dr. Héctor Casanueva, integrante de Millennium Project que según Stuart Pimm, investigador de la universidad de Duke, “la inversión en prevención bien podría ser la mejor póliza de seguro para la salud humana y la economía global en el futuro, dado que detendría pandemias antes que comiencen”.

Vemos así que invertir en prevención es el camino para reducir un futuro estrés sanitario. Un tema no menor tiene que ver con la incorporación real del Cambio Global en políticas de prevención, por ejemplo: la destrucción de bosques, como sigue ocurriendo en el humedal del Río Paraná con los incendios.

La pandemia, lo sabemos los argentinos, está aumentando la desigualdad. Por lo tanto el gobierno debiera anticiparse a ese futuro que desencadenará mayores problemas económicos, sociales, financieros, sanitarios, psicológicos. Ante este panorama, el gobierno del presidente Fernández, y aquí la otra palabra necesaria para consensuar anticipatoriamente políticas destinadas a sostener a quienes no eran habitués de planes sociales ni bolsones alimenticios: estrategia. Son personas que se han quedado sin empleo, probablemente sin techo y mal alimentados. En Argentina son quienes pertenecían a la clase media baja que el Covid-19 tumbó.

A todo esto, hay que poner acción a través del verbo prevenir, invirtiendo en la conectividad para llegar a los lugares más desprovistos donde internet acercaría distancias. También atendiendo a quienes producto de los efectos de la pandemia hoy sufren un enorme estrés social que puede terminar generando violencia social. La toma de terrenos que hoy surge en forma exponencial, es un ejemplo de ello, de no intervenir el Estado, se corre el riesgo que sí lo haga el crimen organizado o el narcotráfico, apropiándose de la necesidad y la soledad de estos sectores.

Urge en Argentina una Ley de Promoción Industrial, así como también se defina cuál/cuáles serán, las industrias conexas a desarrollar con valor agregado. ¿Es con el campo? ¿Es a través del plan del CAA? . Definámoslo. Concretémoslo.

Al presidente Fernández se le ha propuesto que presida el partido creado por Juan Domingo Perón. Perón visualizó su plan –los tuvo quinquenales, trienales-, con los trabajadores a través de sus organizaciones, pero también junto a los empresarios. Hoy en esta inédita Argentina donde la desocupación y la pobreza caen sobre el 50% de su población, el gobierno debe pensar y actuar junto a estos sectores, planificando sobre las palabras claves mencionadas: inversión, prevención, estrategia y consensos. De hacer ésto, el resultado seguramente contendrá otra palabra tan esquiva como deseada: confianza.

Hoy no hay líderes mundiales que señalen un rumbo, salvo el Papa Francisco y la canciller alemana, Ángela Merkel. Mundo donde se necesita más que nunca un árbitro mundial, dado que con antropofagia se devora en su egoísmo.

Comprender lo que nos está pasando y cómo afectará nuestro futuro, es clave para crear las respuestas efectivas que todos esperamos.

El Estado de Bienestar concebido por el creador del Justicialismo, recordaba el Dr Carlos Leyba, fue continuado por todos los gobiernos en Argentina hasta 1975. Su viuda, María Estela Martínez de Perón, con el rodrigazo lo terminó. Nunca más se volvió él, por ideología o por incapacidad. Leyba deja dos grandes definiciones: “La verdadera pobreza es no tener futuro, solucionarlo es un acto colectivo”. Y agregó: “Gobernar es atraer inversiones. Tenemos un país con recursos y sin ideas”.

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