Un nuevo balcón al río

Espacio de acceso público ofrece una propuesta única para los habitantes del barrio

La Municipalidad de Rosario concesionó 5,8 hectáreas en la ribera del Ludueña  para la construcción y explotación de un parque náutico recreativo, hasta el año 2036. Esa acción cuenta con la contraprestación de la construcción y el mantenimiento de un parque público costero con sus paseos, senderos, puentes, juegos infantiles, iluminación, equipamiento urbano y estaciones aeróbicas.

Ese parque contempló mejoras ambientales en todo el entorno del arroyo, con el objeto de recuperar el ambiente original ribereño, se plantaron más de 100 árboles autóctonos , se respetaron los taludes costeros naturales con la flora autóctona y se protegieron las plantas flotantes, camalotes y chilcas.

Ahora, en ese escenario renovado, no dejan de sorprender las garzas, tortugas, iguanas, lobitos de río, que se han asentado en el predio, que recuperó características de humedal en las caletas.

Este parque se extiende bordeando la costa del arroyo, desde el río Paraná, y cruzando la avenida Colombres, hacia el oeste, hasta prácticamente el puente de calle Nansen, con senderos costeros públicos en el camino de sirga y puentes que bordean el arroyo y permiten la circulación pública, entre guarderías náuticas, caletas, locales comerciales, y sanitarios públicos.

Desde la empresa concesionaria, Obring, denunciaron que, aún hoy, la presencia de locales de venta de pescados que intrusan el espacio público sigue impidiendo concretar la finalización de algunas obras a lo largo de todo ese paseo público. Esa situación se repite en el parque, al este de la avenida, y en las cercanías del puente de Nansen.

Indicaron que para estos puestos la concesionaria construyó nuevos locales, pero desde el Estado municipal no consiguieron todavía la relocalización de los mismos.

Vale precisar también que se trata de una de las concesiones con mayor monto de inversión que tuvo la ciudad en los últimos años, y gran parte está destinada a obra pública y espacios públicos para el disfrute de la población.

Según destacó un directivo de Obring, concesionario de Puerto Ludueña, en esta concesión “hubo un proceso de inversión realmente muy importante para poder mejorar los espacios de uso público y también de uso privado”.

Y remarcó que “el esquema implementado permitió recuperar un sector que estaba abandonado, degradado, inseguro, sin acceso público y se transformó en un gran parque, que combina usos recreativos y comerciales muy demandados en la ciudad, como es el de guardado y botado de embarcaciones en una región que está considerada la segunda del país en relación a la importancia, al tamaño y a la extensión del parque náutico”.

“Ese puerto náutico deportivo es de carácter único en la ciudad y está inserto en el parque público, que es de acceso para todos los rosarinos”, y aseguró que “con esas acciones que se están realizando ya se ganó un recorrido ribereño de más de 800 metros de costa pública”.

Adiós a las inundaciones y el desafío del saneamiento

Para los habitantes de Arroyito y su entorno urbano, el arroyo Ludueña siempre representó una gran preocupación, primero por sus desbordes y ahora por su contaminación. A través de políticas de Estado que trascendieron las gestiones y los colores políticos en las últimas décadas, se consiguió terminar con las inundaciones que azotaban esa zona de la ciudad. Hoy, todos los focos de atención están apuntados a las tareas de saneamiento a largo plazo que todavía reclama ese sector para poder disfrutar de un curso limpio.

Vale recordar que, desde los primeros asentamientos en sus márgenes, había inundaciones cíclicas. En todos los abriles y noviembres, las poblaciones de Arroyito, Empalme Graneros, Pérez y Funes tenían que estar a la expectativa de los pronósticos de lluvias para conocer si serían afectados por al caudal del arroyo.

El desborde del arroyo generó las catástrofes naturales más angustiantes de la región. Hasta la década del 40, el arroyo circulaba por su cauce natural. Luego empezaron obras de entubamientos parciales, se ampliaron los entubamientos, hasta que el arroyo desapareció debajo de las calles de Arroyito, saliendo a cielo abierto en calle Portugal y Triunvirato. A medida que se poblaron las márgenes y la cuenca del arroyo, los suelos se fueron haciendo más impermeables, lo que incrementaba la velocidad con que se concentraba el agua de lluvia en el arroyo, con la consecuente suba de nivel y desborde.

Los sectores entubados se saturaban y se generaron gravísimas inundaciones aguas arriba. Se hicieron obras de canalizaciones, más entubamientos, pero la gran solución llegó en el año 1986, con la presa retardadora ubicada entre Funes y Pérez.

A esto se agregó una gran obra que se finalizó en 2013, que fue el conducto Aliviador III, un túnel subterráneo de 5 metros de diámetro que recorre 2 kilómetros de calle Sorrento, y funciona como by pass entre un tramo a cielo abierto aguas arriba y la desembocadura. De esa manera, hoy las inundaciones ya no son un problema y se han recuperado zonas catalogadas como inundables en varios sectores de la región.

Respecto a la contaminación, existen industrias y populosos barrios aguas arriba del entubamiento que siguen evacuando desechos industriales y cloacales, y hasta residuos sólidos en el arroyo. Por eso, se reclaman acciones más severas de los Estados municipales y provinciales para eliminar esta problemática. “Tendría que ser fácil de controlar porque es un curso de solo 19 kilómetros de largo”, resaltó un directivo de Obring.

En el tramo de la desembocadura, las empresas privadas que operan las guarderías náuticas, empresas de la zona y las coordinadas por el concesionario del parque náutico, desarrollaron un equipamiento flotante (al que se llamó Sabalito Barredor) con un sistema de cadenas de cangilones y tolvas que retiran los sólidos flotantes del arroyo para llevarlos a disposición final junto con los residuos urbanos. Esto fue un importante paso para el retiro de plásticos, botellas y sólidos flotantes.

“La misión del Sabalito Barredor es acabar con la presencia de desechos sólidos flotantes en el arroyo. La intención es volverlo a poner en marcha cuando el río recupere su nivel, ya que por razones de calado hoy no está trabajando”, confió el directivo de Obring.

Necesidades y preocupaciones

En este marco de necesidades y preocupaciones ambientales, la Municipalidad de Rosario lanzó varias campañas de limpieza manual del arroyo, convocando a la sociedad civil, ONG’s y voluntarios a jornadas de limpieza donde se han recogido decenas de toneladas de residuos sólidos, tanto en las márgenes como sobre el curso de agua.

Pero sin dudas hay una tarea mucho más de fondo que es el control por parte del Estado del vertido de residuos en toda la traza del arroyo, aguas arriba, y la necesaria toma de conciencia para lograr un cambio cultural en la población para eliminar definitivamente la contaminación de ese arroyo.

Con esta situación ambiental como escenario, el Sabalito Barredor tuvo una gran repercusión mediática y trabajó eficientemente durante un tiempo. Luego vinieron dos años de la bajante más importante de la historia y el arroyo no tenía caudal, perdió la navegabilidad, incluso algunos clubes de remo debieron cerrar ya que ni los botes podían salir. Fueron años muy duros.

El Sabalito Barredor no pudo funcionar por la poca profundidad, pero la recuperación de niveles en el río seguramente permitirá la reactivación de las tareas de limpieza, lo que todavía permite seguir pensando en un arroyo libre de desechos flotantes.

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