Un joven discapacitado perdió la vida al quedar en medio de un tiroteo

Marcelo Bustamante tenía 28 años y padecía una hemiplejia que le permitía caminar con dificultades

Los tiros sin destino y una pelea entre bandas que disputan el narcomenudeo, como cuentan vecinos de villa Banana, fue lo que le quitó la vida a Marcelo Bustamante, de 28 años. La víctima vivía de una pensión mínima que cobraba como discapacitado ya que le costaba mover la mitad derecha de su cuerpo. Eso fue lo que le impidió correr cuando dos facciones se enfrentaron en la zona de Biedma y 24 de Septiembre la madrugada de ayer. Nilda, su madre, contó que “«Chelo» nació con su problema físico y todos lo conocen en el barrio porque él cirujeaba por acá nomás, no podía caminar mucho”.

A “Chelo” la muerte lo esperó contra un paredón y su cuerpo terminó sobre una zanja. “No tenía antecedentes ni hijos ni nada. No podía mover la parte derecha del cuerpo”, relató su familia, que vive del otro lado de la villa, en las calles del barrio Triángulo y Moderno.

Todo ocurrió cuando “Chelo” estaba con su primo en Biedma y pasaje Cerrillos, una calle que atraviesa la villa a la altura de 24 de Septiembre. Eran las 2.30 de ayer y su madre no supo explicar qué hacía allí. Vecinos que vieron la escena contaron que de pronto se escucharon varios tiros y así empezó una balacera entre cuatro o cinco personas. En ese momento “Chelo” y su primo avanzaban por Biedma y trataron de escapar. Pero Bustamante apenas caminaba con dificultad y correr le resultó imposible.

Media hora después, alertado por una denuncia al 911 que contó de un cuerpo tirado en el lugar, llegó un móvil policial. Los uniformados vieron a “Chelo” tirado sobre una zanja y llamaron al Sistema Integrado de Salud. Cuando los médicos arribaron nada pudieron hacer. El cuerpo del muchacho había sido alcanzado por disparos en la espalda, el omóplato y la muñeca derecha, la que no podía mover por su discapacidad, y un último tiro que le dio de lleno en el abdomen.

Un vecino dio a La Capital una versión rápida de los hechos. Contó que escuchó disparos y cuando salió a la puerta de su casa vio a unos hombres que corrían para el lado de las vías que corren paralelas a Felipe Moré. El Gabinete Científico de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) realizó tareas en el lugar y secuestró siete vainas servidas calibre 9 milímetros que quedaron alrededor del cuerpo de la víctima.

Otra versión, la revelada por el fiscal Alejandro Ferlazzo luego de ordenar que se ubiquen testigos ocasionales del hecho, sostiene que Chelo “fue interceptado por dos personas no identificadas al momento que lo agredieron con un arma de fuego y se dieron a la fuga a pie”.

En tanto, los vecinos del lugar donde ocurrió el crimen hablan en voz baja y vuelven su mirada hacia “una banda que trabaja para un hombre que está detenido” y al que todos conocen como “Peruano”. Entonces vuelven a aparecer los apodos de un tal “Rengo” y otro llamado Leo al que le dicen “El rey”. Al parecer éstos dos últimos comandan dos quioscos de venta de drogas en la villa y usurpan viviendas o intimidan a vecinos para quedarse con sus propiedades. “Se toparon con otros que también venden y tiraron, pero cayó este pibe, andá a saber que hacía ahí”, contó una vecina.

Según un trabajo del Ministerio de Seguridad de la provincia, en la zona oeste de Rosario operan principalmente dos bandas, tanto en Bella Vista como en villa Banana: “Los cavernícolas” y “La banda de la crema”. Los asesinatos y las amenazas a los rosarinos que viven allí son constantes pese a que los integrantes de las dos bandas han caído varias veces presos.

Matías Gerardo S., de 35 años, fue imputado ayer por el fiscal Alejandro Ferlazzo de haber dado muerte a su suegro, Mario Luis Cáceres, de 60 años, golpeándolo con una barra de hierro en la cabeza causándole una fatal lesión en el cráneo. El hecho ocurrió tras una discusión ocurrida la tarde del domingo en una vivienda de pasaje Gutemberg al 1000 de Granadero Baigorria y Cáceres falleció tras agonizar un día en el Hospital Eva Perón. La jueza Melania Carrara le dictó prisión preventiva por el plazo de ley, es decir dos años.

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