Sería inaudito e insólito que se revirtiera el resultado de las Paso

Las elecciones presidenciales son, fundamentalmente, un plebiscito sobre la figura del presidente. Y quedó claro que Macri no conecta con los y las votantes”, afirma María Esperanza Casullo. En una entrevista con La Capital, la politóloga asegura que las Paso deben ser modificadas, sobre todo respecto de la obligatoriedad”. Para Casullo, “sería inaudito e insólito que se revirtiera el resultado de las primarias”.

—¿Por qué ganó el peronismo?

—Por la combinación o, mejor dicho, la sobredeterminación de tres factores. Primero, la percepción social de una mala gestión de la economía, en general. Es decir, no sólo el hecho objetivo de que a la mayoría de la población le cuesta más vivir, comprar alimentos, pagar los servicios, sino yo diría que el gobierno no proyecta desde 2018 una imagen de estar “en control” de los acontecimientos económicos. Sabemos, además, que la percepción de mala gestión económica impacta más en aquellos/as votantes que tienen débil identificación partidaria. Segundo factor, que la mayoría del peronismo compitió unido y Massa efectivamente trasladó la mayoría de sus votos a FF. Tercer factor, el débil atractivo personal de la candidatura de Mauricio Macri. Las elecciones presidenciales son fundamentalmente plebiscitos sobre la figura del presidente, y quedó claro que Macri desde algún tiempo no conecta con los y las votantes, salvo las de su núcleo duro. Tampoco pareció conectar, hay que decirlo, María Eugenia Vidal, aunque las encuestas la daban con mejor imagen que Macri. Pero también es cierto que el comando central de Cambiemos no le dio ningún margen de autonomía.

—Tras los comicios, la clase política y muchos analistas, demonizan a las Paso por la inestabilidad que genera un resultado como el del 11 de agosto. ¿La culpa de tanta histeria es del sistema electoral o de los políticos que no saben cómo digerir los resultados?

—Bueno, creo que a ninguna de las personas que diseñó las Paso se les ocurrió un escenario en donde un presidente que compite por su reelección luego de ser refrendado en las legislativas de dos años antes va a las Paso y pierde por quince puntos. Dicho esto, creo que las Paso hay que repensarlas y modificarlas, sobre todo la obligatoriedad para los votantes. Deberían ser optativas, para partidos y para votantes.

—Si usted fuera asesora del presidente, ¿qué le aconsejaría hacer en la campaña hacia el 27 de octubre?

—Le recomendaría concentrar totalmente los esfuerzos en estabilizar la situación económica, poner plata en los bolsillos de la población. Sobre todo los más pobres; no concuerdo con que Cambiemos tenga un problema “con la clase media” o que “la más perjudicada es la clase media”. Uno de los éxitos de Cambiemos había sido ser competitivo entre los pobres, y ahora los ha abandonado totalmente en el discurso. Reducir el discurso de campaña al mínimo. La polarización no le va a servir, porque simplemente no hay mas votos polarizables “por afuera”. Tiene que ir a competir con Fernández, y eso implica hablar de economía. Segundo, daría autonomía a Vidal, Larreta, Cornejo, etc., para hacer campaña sin Macri. O defienden Caba y los bloques del Congreso, o el PRO va a estar en problemas si pierde, porque no tienen experiencia en el llano.

—¿Cree que la cuestión está terminada y que sólo resta saber por cuánto ganarán los Fernández?

—Sería inaudito e insólito que se revirtiera el resultado, pero también era inaudito e insólito que perdiera un presidente que iba a ratificar su reelección, como dije antes, así que nunca digas nunca en Argentina.

—¿Un triunfo peronista hace regresar el riesgo de un movimiento “atrápalo todo”? Un centro político de Fernández con los gobernadores y una centroizquierda con el kirchnerismo como estandarte.

—¿Por qué riesgo? El peronismo es un partido atrapatodo, solo que lo es sui generis, a su manera, a una manera movimientista y coalicional. Se hizo popular decir que Cambiemos es una coalición, pero a su manera lo es también el peronismo: una coalición de gobernadores, dirigentes nacionales, movimientos sociales, sindicatos y partidos de centroizquierda (hace veinte años lo eran de centroderecha). Si esto tiene riesgo de volver se hegemónico, lo voy a poner en mayúscula y negrita: no. Y no por el partido, sino por los y las votantes y la sociedad argentina. Los y las votantes argentinos son killers: se desembarazan de los gobiernos que no les gustan o que consideran que cumplieron su ciclo con una implacabilidad tremenda. Lo hicieron en 2001 con la Alianza, a quien habían votado masivamente dos años antes, en 2005 con el duhaldismo, en 2015 y hoy. Y, además, el peronismo tiene fuerte competencia interna: la elección de 2013 el kirchnerismo no la perdió con Cambiemos sino con Massa.

—Muchos creen que la victoria del peronismo obedece a que los argentinos no le dan importancia a la corrupción y sólo votan por el estado del bolsillo. ¿Es esto un reduccionismo?

—Creo que sí, por varias razones. La primera es que el electorado efectivamente prestó atención a estas cuestiones en 2015. Fue uno de los temas centrales en esta elección. Y sin duda es una agenda central para el electorado núcleo de Cambiemos. Pero creo que pasaron varias cosas. El primero es que la politización de ciertos procesos judiciales en la justicia generó una duda. No universal, pero suficiente. La segunda es que este gobierno tuvo un par de escándalos también, sobre todo el caso del Correo. Y la tercera fue la decisión de Cristina de apartarse, yo diría, radicalmente no sólo de la cabeza de fórmula sino de la campaña. La centralidad de Fernández saca de foco ese tema.

—¿Fernández tiene que construir el “albertismo” para evitar que Cristina lo convierta en un apéndice del cristinismo?

—Casi cualquier persona que hizo una predicción, le erró. Pero me parece que uno de los problemas del análisis político de estos meses es que escuchamos hablar mucho sobre el peronismo a personas que no han estudiado ni conocen la cultural política y la historia del peronismo. Y en el peronismo en ejercicio de gobierno no hay nadie más importante que el presidente. En todos los casos en los cuáles existió un conflicto entre un kingmaker y un presidente, ganó el presidente en ejercicio. Antonio Cafiero no le hizo ninguna sombra a Carlos Menem, Menem especulaba en 2003 que habiendo ganado la primera ronda y sin competir en el ballottage iba a poder desafiar a Néstor Kirchner y no pudo, y Kirchner le ganó a Duhalde en 2005. No creo que Cristina, quien demostró en esta campaña tener una visión estratégica mayor a la que muchos admitían, ignore esto.

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