Podoroska: “Traté de olvidarme de los Panamericanos”

Cuando era una nena, a Nadia Podoroska no le contaban historias de princesas. Tampoco de geishas o samurais. Su mamá Irene, que estudiaba filosofía y letras, relataba historias sobre los Juegos Olímpicos. Pero no le contaba de una medalla o un partido inolvidable. Le hablaba de cómo los griegos habían gestado esa celebración tan particular. A Nadia, la historia de los Juegos no le llegó ni por televisión ni por revistas, le llegó desde la voz materna. Tiempo después, cuando se convirtió en tenista profesional, entendió que estar en los Juegos Olímpicos es el sueño máximo de todo deportista. Un día, más acá aún, tuvo un rapto de ensoñación y a todas sus contraseñas les puso “Tokio 2020”. No porque creyera que era sencillo sacar boleto a los más próximos, era un factor motivacional. Podían ser estos u otros, algún día. Pero serán los de Tokio 2020 de no mediar inconvenientes.

   Podoroska tiene 22 años, es 261ª del mundo y vivió un año excepcional que incluyó tres títulos: los ITF de Monzón (España) y Santa Margherita Di Pula (Italia) y la medalla de oro en singles de los Juegos Panamericanos de Lima, en agosto. Ese logro, histórico por donde se lo mire, la catapultó a la primera plana de los medios deportivos y la convirtió en una de las atletas del año. Con ese oro, la Rusa se convirtió en la tercera mujer argentina en ser campeona panamericana detrás de Mary Terán de Weiss (1951) y Florencia Labat (1995). Pero además sacó pasaje olímpico, algo durísimo para una tenista latinoamericana. Así, el 2020 le devolverá al país una participación olímpica en singles femenino desde que Gisela Dulko lo hiciera en Beijing 2008.

   Sin embargo hoy, a cuatro meses de ese estallido de tenis y emociones, Nadia preferiría no hablar de Japón. Será su gran objetivo del año pero necesita mirarlo de reojo, porque es tan grande que asusta y encandila. En este sentido, la rosarina le contó a Ovación cuánto le costó asimilar todo eso, las presiones, los vaivenes anímicos y cómo convivir con semejante victoria obliga a un aprendizaje. Reconoce por ello: “Traté de olvidarme de los Panamericanos, de empezar a construir de nuevo”. Y agregó que “lo más sano es entender que el tenis es así, cuando no tenés presión por una cosa la tenés por otra”. Este es el balance de un año de ensueño para quien hoy, indefectiblemente, se erige como la figura del tenis femenino argentino. Pero también son las perspectivas hacia lo que viene. Por eso, quizás mamá Irene tenga ahora un nuevo reto, empezar a contar historias del Japón milenario, ese que deslumbra al igual que el modernismo de Shibuya o Ginza o el propio Estadio Olímpico de Tokio. Es que al final Nadia reconoce que Japón siempre da vueltas en la cabeza. Aunque cierre los ojos para no verlo.

¿Cómo evaluás tu año?

En cuanto a resultados fue un año un poco inestable, pero lo positivo fue que pude consolidar mi equipo de trabajo. Hacía ya dos temporadas que había dejado a mi entrenador de muchos años y todo eso me trajo ciertos problemas. No es fácil buscar un equipo nuevo, en 2019 lo pude hacer. Juan Pablo Guzmán y Emiliano Redondi (los actuales) me ayudaron muchísimo. Me instalé en Alicante, tengo una base en Europa que para jugar al tenis es algo muy importante y las lesiones que me trajeron demasiados problemas en mi carrera se alejaron un poco. Armé una base y una tranquilidad para que el 2020 sea muy bueno.

A fines de 2018 planteabas un objetivo que no tenía que ver con resultados, sino con estar sana y competir. ¿Se dieron los dos?

Exacto, era el objetivo y en 2019 se logró, como algunos resultados importantes.

¿El año se puede dividir en un antes y un después a partir de lo que pasó en los Juegos Panamericanos?

No, yo lo dejo en una misma línea. Los Panamericanos sí hicieron una diferencia en otro sentido, más para el país. Tuvo más que ver con la repercusión que tuvo en la gente más que en mi carrera. No quiero decir que fue un torneo más porque fue muy importante, pero en el año gané tres torneos. Uno en España a principio de año, el oro panamericano y otro en Italia a fin de año. Eso habla de que en la temporada hay varios altos y bajos.

¿Qué significado tuvo cada uno de esos títulos?

Fueron los tres muy especiales y lo que destaco es que en los tres no estaba en el mejor momento, que eso es algo para trabajarlo y para analizar un poco en qué situación yo saco mi 100%. ¿Por qué cuando estás en el fondo se dan los resultados? Lo importante es que pude competir un año entero y tener tres buenos resultados. Me quedo con eso.

Igualmente, lo que pasó en los Juegos hizo que se te mirara mucho. Más allá de la medalla de oro, ¿cómo lo capitalizaste?

Después de los Panamericanos volví a Rosario, normalmente nosotros tenemos un torneo, a la semana siguiente seguimos compitiendo y entonces el anterior queda eliminado, te concentrás en el otro inmediatamente. Acá no pasó eso y encima después paré unos días para recuperarme de unas molestias físicas, entonces estuve mucho tiempo con esa sensación de haber ganado y eso es difícil de manejar. Nosotros estamos acostumbrados a que ganás una semana pero a la semana siguiente perdés. En este caso la sensación de triunfo duró mucho y encima con lo profundo y fuerte que fue haber ganado los Panamericanos. En ese aspecto no fue tan bueno porque cuando tuve que salir a competir de nuevo…

¿Son más frustrantes las derrotas?

Claro. Obviamente venía trabajando el tema de las expectativas para no tenerlas muy altas después de eso pero igual se me hizo complicado, de hecho perdí en varias primeras rondas de los torneos que siguieron, mentalmente me faltaba. Jugaba bien, ganaba los primeros sets pero a la hora de cerrar los partidos la mente divagaba. Tras eso volví a sentar cabeza, traté de olvidarme de los Panamericanos, de empezar a construir de nuevo. Y algo de eso quiero para el año que viene, que no sea necesario bajar tanto.

¿No es bueno tener esa sensación de triunfo?

Sí, como bueno es bueno, hay que aprender a manejarla. Es un proceso que según cómo lo tome cada uno afecta de una u otra forma. Para mí fue muy fuerte lo de los Panamericanos. Debe haber deportistas que estén más acostumbrados para manejarlo mejor y yo creo que es parte de todo un proceso, el de ir cumpliendo objetivos. Estoy segura de que van a venir más cosas así, hay que ir aprendiendo.

¿Definitivamente pudiste correrte de ese logro?

Obligadamente y a conciencia.

¿También tuviste que procesar que fue el logro más importante del tenis femenino en muchos años?

Sí, fue un cambio importante. Desde la Asociación Argentina de Tenis (AAT) se intentó darle repercusión o importancia al logro para que se empiece a hablar un poco más del tenis femenino, que está tan ausente en nuestro país, y obviamente que a mí eso me repercute para bien. Que un logro personal influya y fomente el tenis femenino argentino es algo que deseo desde que soy chiquita, hoy quizás no tenemos una referente o las bases necesarias como para que el proceso nuestro sea más fácil.

¿Cuánto ayudó en las necesidades que tienen ustedes como jugadoras?

La verdad es que no mucho. Se han acercado algunas propuestas, recibí un poquito más de ayuda después de los Panamericanos pero no es un cambio significativo. Obviamente que también esta situación se entiende en relación con la situación económica de nuestro país que no es la mejor. No vi un cambio profundo desde ese lado, pero sí veo una dirigencia de la AAT que está tratando de moverse y en lo que a mi respecta es más fluida la conversación. Esto es un principio.

¿Qué opinión te merece que se transmitan poquísimos torneos de mujeres en TV? Roger Federer dice por ejemplo que él prefiere el femenino porque aprecia mejor la técnica y la táctica.

Sí, ahí depende del concepto que tenga cada persona. Para mí el tenis femenino es mucho más agradable a la vista del público porque nosotras no ganamos puntos con el saque, son muy pocos. En un partido de hombres por ahí dos o tres puntos por game son de saque y en la primera bola. En mujeres lográs ver la estrategia. Obvio que la velocidad es otra porque nuestro físico es otro. No vamos a ser nunca iguales, cada uno tiene su magia. Pero que lo diga Federer es mucho mejor que lo diga yo (risas). También hay un poco de costumbre, al no transmitirse en TV la gente no lo sigue.

¿Qué más aprendiste con el oro de Lima? ¿En qué creciste con algo que te expuso tanto?

En lo que más hago hincapié es en poder disfrutar de la repercusión que tuvo la medalla, lo que fue para todo el país, aunque en definitiva yo tengo que seguir con mi proceso, porque después pasa eso de que pierdo 3 ó 4 primeras rondas seguidas. Esa alegría que tienen los Panamericanos no tienen la angustia en los momentos malos. No digo que esté mal pero no es así siempre. Entonces tengo que enfocarme más en lo que tengo que hacer: aprender tanto de las victorias como de las derrotas y no salir de ese foco. En el tenis son muchísimas más las veces que perdés que las que ganás.

En la última parte del año competiste en Latinoamérica y no te fue bien. ¿Qué pasó?

Creo que me influyó mucho sentir que tenía que demostrar algo, que son cosas que mínimamente te sacan del foco y a la hora de cerrar un partido o pensar en la estrategia te perjudican, terminás perdiendo el encuentro. En esta parte del año me influyó eso, es para trabajarlo.

¿La cabeza sigue siendo la lucha constante?

Constante… Es una lucha pero también es un aprendizaje. Este año lo que más aprendí es a tener esa autoconciencia de entender lo que te pasa, lo que pensás, por qué lo pensás, por qué lo sentís.

Te tenés que enfocar en tu carrera pero sabés que lo que lograste en Lima te va a llevar, si todo va bien, a los Juegos Olímpicos 2020. ¿Cuánto se te referenció esto en este tiempo?

Muchísimo. Por eso trataba de hacer esa diferencia de que los Panamericanos fueron un torneo diferente para el resto y para mí uno más. Fue una medalla para Argentina y representar a Argentina tiene un plus. Pero para mí fue un torneo en el que gané los cinco partidos y pude resolver los problemas que demandó cada uno.

¿Pudiste también olvidarte un poco de Tokio?

Mmmmm. Olvidarme, como olvidarme, no. Lo que pasa es que en el tenis tenemos objetivos constantemente. Cuando se venía fin de año dejó de ser Tokio y era Australia (ingresar a la qualy de ese Grand Slam), entonces lo vas tapando. Cuando pasó Australia y no se pudo dar, volvió Tokio. Lo más sano es entender que el tenis es así, cuando no tenés presión por una cosa la tenés por otra y el hecho de competir cada semana te pone a prueba permanentemente. Está bueno que exista esta presión, aunque depende de cómo la veas.

¿Cuánto creciste más allá de lo mental y tras haber competido todo un año?

Al haber incorporado un nuevo cuerpo técnico la identidad como jugadora va cambiando, hoy me veo más completa, con más herramientas. Es un proceso de construcción y deconstrucción. Estoy más ordenada, muy contenta.

¿Lo psicológico cuesta más hoy?

Sí, cuando sos más chica sos más inconsciente. Es un trabajo el de seguir jugando y poder disfrutar. Cuando empieza a haber tantas presiones hay que recordar que estás jugando al tenis, que es lo que te gusta hacer, y esa es una esencia que no hay que perder.

¿Qué te gustó de todo eso que lograste este año?

Todavía sigo sorprendida con el proceso de autoconciencia, de empezar a calmar la mente y a conocer lo que una siente y lo que le pasa, para luego poder darse cuenta dentro de la cancha de algunas situaciones y cambiar lo que haya que cambiar. Poder resetear la mente y revertir situaciones me genera satisfacción.

¿En qué momento de la temporada te sentiste mejor?

Este año tuve dos semanas en que me fui a jugar a Italia sola, sin mis entrenadores. Venía entrenando muy bien pero me estaba yendo muy mal por todas estas presiones que veníamos hablando. Me mandaron sola, no era un problema de técnicos lo que tenía, no estaba pensando bien. Fue muy inteligente y arriesgado de su parte. Me fue muy bien esas dos semanas y me gustó el hecho ese de haber competido sola, de haberme concentrado en mí, en lo que tengo que hacer y nada más. De hecho terminé ganando uno de esos torneos. Me quedo con la sensación de poder mantener ese nivel. Y si lo pude lograr esa vez se puede volver a lograr.

¿Qué planes tenés para después de estos días en Argentina?

La idea es hacer la pretemporada (con Juan Martín Aranguren)y empezar a competir a mediados de enero. Hay torneos en EEUU, después está la Fed Cup (febrero), que tengo muchas ganas de jugar, y luego más torneos en EEUU.

¿Cuánto tiene que ver la histórica Mecha Paz como capitana con esas ganas de estar en la Fed pese a que siempre te gustó jugarla?

Obvio que influye. Este año no pude jugarla, me quedé con las ganas y creo que para el año que viene al no ir a Australia el calendario me lo permite. Que esté Mecha me gusta por toda su energía y por todo lo que está haciendo por el tenis femenino. Más allá de eso, lo mío con la Fed Cup es algo personal.

¿Cuál es el deseo para el 2020?

(Risas)…

Bueno, entonces te pregunto: ¿cuántas contraseñas pusiste con “Tokio 2020”?

No, eso no lo voy a decir porque es cábala, pero ya las cambié (risas). Obviamente que quiero tener unos buenos Juegos Olímpicos. No sólo quiero ir sino que también quiero representar bien a Argentina, es uno de los objetivos para el año que viene. Y ahora que ya tengo un equipo sólido, que estoy contenta, trabajando bien, seguramente habrá una meta también de ránking, calculo que será meterme cerca de las 100 primeras.

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