Oportunidad para un peronismo neodesarrollista. Por María Herminia Grande.

CGT, campo y Consejo Agroindustrial Argentino: reuniones que permiten esperar que se salga de los diagnósticos irreales

¿El 2020 será el cierre de una década más de retroceso con el valor agregado de la pandemia? O, ¿será el preámbulo de la próxima 2020/30, con más y mejor decadencia?

Seguimos con diagnósticos irreales. Argentina comenzó mal el siglo XXI. Con estallidos en sus calles, muertes, y un Presidente a bordo de un helicóptero.

El presidente Eduardo Duhalde intentó pacificar caminando por el sendero del consenso. La muerte de Kosteki y Santillán provocó el anticipado llamado a elecciones, autoexcluyéndose el primer mandatario de entonces. Carlos Reutemann pudo –quizás- haber torcido el destino de una Argentina en caída libre. José Manuel De la Sota también, pero no tenía los votos de Reutemann. Néstor Kirchner llegó cuando no lo esperaban. Con el trabajo de acomodamiento económico de la dupla Remes Lenicov- Roberto Lavagna, Argentina se recuperó. Es más, fueron años (mientras estuvo Roberto Lavagna), durante los cuales el peso no quemaba en el bolsillo de los argentinos. La Corte Suprema de Justicia de Kirchner fue una señal esperanzadora. Después, el diablo del poder corrupto metió la cola. Su presencia, pequeña o monstruosa, lo dirá algún día la Justicia, siempre genera más pobreza, más inequidad, más desempleo, más atraso generando más decadencia.

El presidente Mauricio Macri llegó con el voto mayoritario de quienes no querían más kirchnerismo en cualquiera de sus trajes. Macri tuvo la oportunidad que en Argentina sólo tienen los presidentes en su primero/segundo mes de gobierno; la de llamar a todos y convocar a un gobierno de coalición. Su pobreza política e intelectual lo impidió, ni siquiera convocó a su principal e insoslayable socio político sin el cual, no hubiese sido presidente: el radicalismo.

Alberto Fernández llegó con el traje más esperanzador: diálogo y más diálogo. Tampoco aprovechó el primero/segundo mes de su gobierno para concertar. Es más, no pudo hacerlo con su propia coalición de gobierno. Luego la pandemia le dio la oportunidad única de cumplir su promesa de cerrar la grieta. Hoy, está entre la espada y la pared. Es decir, entre la realidad que no ignora y Cristina Kirchner.

Los gobernadores le pidieron al Presidente que traspasase al AMBA, le recordaron que Argentina es más grande, e invitaron al “porteño más federal” a transitarla. Cosa que comenzó a hacer. En el país del ensanchamiento de la pobreza ¿por qué la agenda se enfoca en el desplazamiento de tres jueces cuyos nombres sólo conocen los interesados en las causas penales que ellos manejan?

La decisión del Presidente de que Argentina apruebe el informe de violación de los derechos humanos en Venezuela, quizá fue lo mejor de la semana para un gobierno que atraviesa distintas dificultades. El Presidente ha dicho que “los problemas de derechos humanos no tienen ideología; si se violan, se violan, y nuestra historia es de compromiso con los derechos humanos desde siempre”. La socialista Michelle Bachelet lo presentó, Argentina lo refrendó. Este gesto del Presidente fue desconocido por gran parte de la oposición y repudiado por los sectores radicalizados que pertenecen al gobierno. Sólo Roberto Lavagna y Sergio Massa fueron explícitos. Cristina Kirchner guardó silencio. Era la oportunidad –tan necesaria- para que el gobierno que ambos integran, recobrara su rumbo y sumara fuerza. El Presidente lo niega, pero el silencio de su vice la pone en el lugar de quien observa cómo el otro camina con el agobio de una mochila pesada. Y, por si a esa mochila le faltase una nueva piedra, apareció el NODIO, organismo que depende del Congreso y no del Ejecutivo. Al cierre de este artículo, puedo asegurar que el Presidente no había pensado, analizado, ni gestionado ante el Congreso, su implementación.

Culminó la visita de los enviados del FMI. Las fuentes consultadas indican que hay dos posturas con respecto a los tiempos del acuerdo. El Presidente le habría manifestado a Roberto Lavagna, con quien conversa mucho más de lo que se conoce, que desea acordar lo más rápido posible. Al organismo internacional, y éste lo ha hecho trascender en ciertos ámbitos, el ministro de Economía Martín Guzmán le habría manifestado que el criterio era no hacerlo tan rápido. De ser así ¿el ministro se aferra al criterio de demora en la negociación como barrera de contención ante posibles cambios de gabinete? Otros indican que el acuerdo se discutirá el primer trimestre 2021, luego de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Cualquiera sea el criterio, el gobierno debiera ir a la negociación, habiendo definido previamente hacia dónde quiere ir y el programa que sustente ese camino.

Este sábado a 75 años del nacimiento del Justicialismo, para celebrarlo en el histórico salón Felipe Vallese, la CGT ha invitado en forma presencial al presidente Alberto Fernández, quien ya confirmó su asistencia; también a su vicepresidenta, quien aún no ha respondido. Allí, en un acto virtual para todo el país, el Partido Justicialista le ofrecerá al compañero Alberto Fernández, hacerse cargo de su conducción. Es una oportunidad histórica que le brinda ese ámbito, para marcar el rumbo tan requerido. Tal vez alcance con decir que está abocado a la continuidad del país de la educación de Sarmiento, de la industria de Pellegrini, y de la soberanía política, independencia económica y justicia social de Juan Domingo Perón.

Para que el Presidente muestre la convicción del peronismo neo-desarrollista, el campo y los representantes del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), que este jueves se reunirán con el gobierno, le brinda una posibilidad enorme. Los gobernadores peronistas, especialmente de la Región Centro, esperan con ansia la puesta en marcha de este plan, sabedores de lo que implica en divisas y mano de obra para nuestro país y sus provincias. Ante la crisis económica que hoy vive Argentina, este paso, de darlo, no es menor.

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