Murió Sean Connery, el primer James Bond del cine.

En El satánico Dr. No se puso en la piel del célebre agente secreto del cine por primera vez, y desde entonces desarrolló una extensa y exitosa trayectoria.

El legendario actor británico Sean Connery​, conocido sobre todo por sus interpretaciones de James Bond, murió a los 90 años, en su casa de Nasáu, en las Bahamas, según informó este sábado su familia a la cadena británica BBC.

Nacido como Thomas Sean Connery en Edimburgo, Escocia, el 25 de agosto de 1930, en una familia humilde, con padre católico y madre protestante, el actor primero pensó en ser jugador de fútbol, pero dejó de lado esa idea cuando a los 18 años medía 1,90 metro y no sabía cuánto iba a seguir creciendo.

Con 20 años y aprovechando su estatura y su físico trabajado (practicaba pesas y fisicoculturismo) se presentó en varios concursos y logró el tercer puesto en el de Mister Universo. Ya empezaba a llamar la atención.

Por entonces, también era muy frecuente que se peleara a las trompadas con los miembros de distintas pandillas de Edimburgo. Se fue ganando fama de hombre duro, algo que más tarde, le vendría muy bien para sus papeles de recio en muchas de sus películas.

Resignó su idea de ser futbolista cuando se dio cuenta que, alrededor de los 30 años, ya no podría ser jugando profesionalmente. “Por eso elegí ser actor y fue una de las decisiones más inteligentes que tomé en mi vida”, aseguró.

Se alistó en la Marina Real Británica, de la que lo licenciaron por problemas de salud. Fue modelo en una escuela de arte y participó como actor secundario en una puesta del musical South Pacific, primero en Edimburgo y luego en una gira por las islas británicas.

En 1954 llegó al cine en pequeños papeles, hasta que tres años después el director Cy Enfield, que lo había visto en el escenario, se obsesionó con él y lo incluyó en su película Hell Drivers, en la que tuvo por primera vez un papel de cierta relevancia.

Antes de llegar a El satánico Dr. No, su pico de popularidad, hizo muchos trabajos para la televisión británica. Ya en los Estados Unidos, actuó en La gran aventura de Tarzán (1959), con Gordon Scott como “el hombre mono”, y formó parte del elenco de El día más largo del siglo (1962).

Curiosamente, Dr. No (1962), de Terence Young, en la que Connery se puso en la piel del agente James Bond por primera vez, no tuvo al principio el éxito esperado. Se habló más de la música de Monty Norman y de la impactante Ursula Andress en bikini que de la película en sí, que sin embargo comenzó a ser valorada en sus reposiciones y por la explosión que se produjo al año siguiente con De Rusia con amor, también de Young.

La serie Bond siguió con Dedos de oro (1964), de Guy Hamilton, Operación Trueno (1965), de Young, Solo se vive dos veces (1967), de Lewis Gilbert, Los diamantes son eternos (1971), de Hamilton, y Nunca digas nunca jamás (1983), de Irvin Keshner, su despedida del personaje luego de 12 años sin asumir el rol.

Muchas de esas películas podrían contener situaciones comprometidas en los tiempos actuales, porque las compañeras de Bond (“Bond, James Bond”, tal como se presentaba), eran mujeres de físicos monumentales que siempre caían en brazos del héroe, aun las más despiertas, menos en el caso de Pussy Galore, el personaje de Honor Blackman en Dedos de oro, de la que se deslizaba su identidad lésbica en un alarde desacostumbrado para la época.

Se supo que Connery llegó a hartarse del personaje de Bond —luego interpretado por George Lazenby, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan y el actual Daniel Craig— y por eso combinó con otras interpretaciones.

Así, logró que el público aceptara otros personajes con su rostro, como en La colina de la deshonra (1965), El gran golpe (1971), Hasta los dioses se equivocan (1972) y El nombre de la rosa (1986). Por su rol en ese filme fue ganador de un Premio BAFTA, el más importante de Gran Bretaña.

La impronta personal que Sean Connery le dio a su Agente 007 hizo difícil su reemplazo, que llegó de la mano del carácter actoral de Roger Moore.

Si bien recibió un gran cantidad de premios internacionales, el mayor reconocimiento a su trabajo le llegó con el Oscar como mejor actor de reparto por Los intocables (1987).

En 1989, la revista People lo consideró el hombre vivo más sexy del mundo. Obsesivo a la hora de interpretar sus personajes, para su rol de capitán soviético en La caza al Octubre Rojo, se inspiró en Josef Stalin. Y para Highlander, tomó clases de esgrima a pesar de lo cual, durante el rodaje, fue herido accidentalmente por otro actor.

El amor por Escocia, su tierra natal, fue algo que Connery siempre hizo público, de diversas maneras: desde pasearse por la alfomabra roja en kilt, la tradicional falda que llevan los hombres hasta bautizar a su productora con el nombre de su barrio de nacimiento, Fountainbridge, una de las zonas industriales más pobres de Escocia.

Además, Connery siempre se declaró simpatizante del independentismo escocés. Y apoyó económicamente al Partido Nacional Escocés. Por eso, muchos criticaron que, en el 2000, aceptara el título de Caballero que le otorgó la corona inglesa.

Su marcado acento escocés y su voz grave, que muchos productores rechazaban en el inicio de su carrera, se volvieron con el tiempo una de sus marcas de identidad a lo largo de más de 50 películas.

De su matrimonio con la actriz australiana Diane Ciliento, en 1963 nació su único hijo, Jason, quien también es actor y director. Más tarde se divorció y se volvió a casar con la pintora franco marroquí Micheline Roquebrune, en 1975, con quien estuvo unido hasta sus últimos días.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 + diez =