Los siete tiros a un joven en un boliche desnudan un negocio extorsivo

El boliche Roma de Pellegrini y Maipú fue el jueves casi a la medianoche escenario de una balacera que generó pánico y corridas en un lugar atiborrado de gente. En ese incidente un chico de 18 años resultó herido por los disparos de un par de tiradores que abrieron fuego desde una moto y que fueron atrapados a quince cuadras a pocos minutos del hecho. Estas dos personas serán acusadas hoy a las 17.30 por tentativa de homicidio en el Centro de Justicia Penal (CJP). Pero aunque el fiscal que lleva el caso está convencido de que el objetivo fue quitarle la vida al muchacho que fue blanco del ataque da igualmente por sentado que el propósito fue sembrar el pánico en la puerta de un boliche con finalidades extorsivas.

Esta posibilidad no es una conjetura. Distintos fiscales del Ministerio Público de la Acusación (MPA) saben que el boliche Roma fue objeto de chantajes de parte de delincuentes que apretaban a sus responsables para entregar dinero a cambio de no ahuyentarles la clientela o precipitar su cierre mediante la violencia. Esto pudo saberse porque los fiscales tenían interceptado el teléfono de un individuo al que le atribuyen ser un «cobrador» y ser un hombre de la Banda de Los Monos que está en prisión preventiva desde hace tres meses.

Ese hombre se llama Leandro «Chulo» Olivera, está imputado como organizador de tres balaceras contra objetivos del Poder Judicial ocurridos el año pasado y se cree que hasta caer detenido en febrero pasado en la puerta del Hotel Howard Johnson de Italia y Mendoza se encargaba en persona de cobrar semanalmente dinero en Roma a fin de garantizarles tranquilidad dentro y fuera de las instalaciones. A Olivera, de 30 años, le adjudican la planificación de un ataque a tiros contra el CJP, otro casi simultáneo a un edificio de avenida Libertad al 300 donde vivió la familia de la jueza Marisol Usandizaga y un tercer atentado, seis días después, a la casa del padre de esa magistrada en Buenos Aires al 1700.

Negocio a bajo costo

Esta situación pone al descubierto los problemas de la «protección» que venden facciones del delito en la noche rosarina. Esto es células delictivas que exigen dinero para no generar incidentes que arruinen el negocio. «Estos grupos generan plata sin grandes costos: la primera inversión son tres balas y después pasan a cobrar», dicen desde el MPA.

En diciembre pasado fiscales de la Unidad de Gravedad Institucional del MPA allanaron Club Fire, un boliche de Oroño al 4700, al que señalaban como posible fuente de financiamiento de Los Monos y donde encontraron un arma no registrada en la cocina que propició la clausura.

En ese momento sospechaban que Roma era otro lugar semejante pero la intervención de un celular expuso que a sus dueños les cobraban 20 mil pesos por semana para no generar incidentes, es decir que más que socios aparecían como víctimas. La interceptación telefónica señalaba que a los responsables de Roma les exigían, según fuentes del caso, «pagar para que no les tiraran un muerto en la puerta».

Casi

Eso casi ocurrió el jueves. A las 23.50 uno de los ocupantes de una moto Honda XR 150 empezó a disparar contra un joven sin mediar palabra hasta vaciar el cargador de su pistola calibre 9 milímetros. El atacado se llama Valentín A., de 18 años y domiciliado en la zona de Garay al 200, quien estaba allí con sus amigos y que hasta anoche seguía hospitalizado en estado reservado tras haber recibido siete balazos.

La moto desapareció y pocos minutos después la central 911 dio cuenta de un choque en Paraguay y 27 de Febrero entre un auto y una moto de la misma marca que la descripta por los testigos del atentado. Los ocupantes de la moto quedaron detenidos: Alejandro O., de 19 años, y Gastón A., de 24. Les secuestraron un arma 9 milímetros con aptitud para disparo y un teléfono celular que ya fue enviado a pericia.

El fiscal Miguel Moreno imputará a ambos esta tarde como coautores de tentativa de homicidio agravado. Pero lo que más interesa es saber si al agotar la carga de la pistola frente a decenas de personas la noche del jueves los dos ocupantes de la moto estaban cumpliendo el mandato de alguien.

Los dos acusados están domiciliados en la zona de Avellaneda al 4000 y en el MPA están chequeando el círculo relacional de ambos. «Creemos que hubo voluntad homicida porque si no hubieran querido causar una muerte no le habrían metido siete tiros a una persona a corta distancia. Pero consideramos como altamente probable que el propósito haya sido perjudicar al boliche. No tenemos hasta ahora ningún indicio de una disputa interpersonal ni de una relación previa de víctima y victimarios. Presumimos que esto se enmarca en atentados contra locales comerciales que explotan la noche con motivos extorsivos», sostuvo una fuente del MPA.

Turbio

Los episodios recientes en boliches y bares nocturnos flotan en una atmósfera turbia donde a veces el campo de lo ilegal aparece de los dos lados. En el MPA enfocan cinco casos en un mes. El 20 de abril balearon el bar Alabama, en Riccheri 12 bis y luego se supo que este año el dueño irá a juicio acusado de narcotráfico. Ese fin de semana hubo otros dos ataques en la zona de Pichincha. Otro ataque ocurrió en San Martín y 27 de Febrero el 15 de abril y el quinto es el de Roma. No se considera parte de esta saga lo sucedido en un boliche de La Fluvial del 12 de mayo, originado en una discusión que terminó a balazos.

En el caso del jueves en Roma los dos acusados tienen antecedentes no por delitos graves y se valora como valioso el secuestro del celular de uno de ellos. «Es importante peritar ese teléfono porque para poder investigar homicidios mafiosos, más allá de esclarecer el caso concreto, es importante indagar sobre tramas más profundas. Los ejecutores son piezas fungibles e intercambiables, hay que establecer quién está detrás y no siempre se da la oportunidad de atrapar a alguien in fraganti y con elementos de prueba», sostienen desde el MPA.

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