Los padres que mataron a sus hijos creyendo salvarlos

María Gombau y su novio Gabriel Carvajal querían a sus hijos y se preocupaban por ellos. En eso coinciden media docena de fuentes consultadas, dos de ellas cercanas a la pareja acusada de matar, entre el miércoles por la noche y el jueves por la mañana a sus dos hijos en Godella (Valencia), Amiel, de tres años y medio, y Rachel, que iba a cumplir seis meses. No solo los querían; se desvivían por ellos, los cuidaban, en palabras de una amiga de la joven de 27 años, como a dos “angelitos de cornisa”. Lo que pocos sabían era que ambos llevaban tiempo escurriéndose en un torbellino de locura. Y lo que nadie imaginaba era que ese camino podía conducir al horror.

Los menores no estuvieron bajo supervisión de los servicios sociales hasta el miércoles porque, según aseguran fuentes municipales y coinciden personas próximas a la familia, la pareja no había dado razones para ello. Las imágenes que han publicado los medios, tomadas desde donde permitía hacerlo el perímetro establecido por la Guardia Civil, no muestran la casa okupada donde Gombau y Carvajal residían con sus hijos, sino un almacén abandonado anexo. La vivienda tenía agua corriente y luz eléctrica gracias a las placas solares que habían instalado, estaba limpia y había sido rehabilitada con esmero, asegura un amigo. Los niños iban limpios, el mayor estaba matriculado en el colegio, ambos acudían a clases de natación, jugaban en el parque con otros niños, estaban bien alimentados y no mostraban signos de maltrato. Al revés, según aseguran seis personas que los conocieron y defendía este viernes también la abuela, recibían de sus progenitores mucho afecto, algo especialmente visible en el caso de la madre.

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