Las chances de Macri dependen de cómo sea el ánimo de los argentinos

El escenario está abierto, podría ser la conclusión de Luis Costa, reconocido sociólogo que traza un amplio panorama sobre el estado político del país. En una entrevista con La Capital, el profesional sostiene que la clave para Mauricio Macri es el estado de ánimo de los argentinos, hoy en leve ascenso respecto de otras mediciones.

Sin embargo, revela Costa, los indicadores más importantes a la hora de evaluar las chances de oficialismo y oposición tienen que ver con la economía, el desempleo y otras cuestiones. Ni Cambiemos ni la oposición son lo mismo que en 2015, argumenta. Y deja los números de su última encuesta: “Ventaja de cuatro a cinco puntos para Fernández-Fernández y, por ahora, con una ventaja menor en la segunda vuelta, también con el peronismo por encima”.

“No estamos viendo por ahora chance de finalización de la elección en una primera vuelta y menos con una Paso como etapa primera. En nuestro país, las Paso han actuado siempre como ordenadoras del voto. Dejan en claro cómo es la situación real de construcción de preferencias electorales y acomodan para el paso siguiente las decisiones si algo puede generar miedo de victoria. El kirchnerismo sigue siendo una fuerza con alto rechazo y dejar en evidencia que realmente puede ganar, es al mismo tiempo, un riesgo para ellos”, resume el profesional.

—¿La candidatura de Fernández potenció al peronismo?

—Alberto Fernández tiene mejor imagen positiva que Cristina. Eso descomprime el techo que tiene ella, pero sobre todo permite presentar al espacio como una suerte de kirchnerismo “bajas calorías”, con un sabor similar, pero sin los efectos adversos de la versión original. Su nominación está siendo problemática para Macri y Peña y los ha obligado también a ellos a presentar de su mismo espacio una versión renovada. Ya nadie es el que era, todos van a esta elección con algo diferente. Son los mismos espacios y protagonistas, pero con variación.

—¿Massa es más importante para las elecciones en la provincia de Buenos Aires o para el dueto Fernández-Cristina en las presidenciales?

—Massa representa con su unión el nuevo ejercicio que el peronismo viene haciendo en todas las elecciones provinciales, que es unirse y quitar de las opciones de elección una versión peronista alternativa. En casi todas las provincias, las victorias peronistas son muy similares a la suma del Frente para la Victoria y UNA (Massa De la Sota) de hace casi cuatro años. En 2015, Massa obtuvo un promedio de 20 puntos a nivel nacional, incluso en Córdoba estuvo por encima de Scioli. Su ingreso potencia naturalmente el espacio y clarifica el panorama. Le sirve realmente a todos.

—¿La incorporación de Pichetto termina con el mito del cambio cultural? Pichetto es lo más viejo de la vieja política.

—No necesariamente. El modo de explicar su incorporación es también sobre la idea de un cambio cultural. Pichetto dejaría de lado su rol anterior para sumarse a lo que el país necesita y así en vez de pensar más en el interés partidario, lo haría pensando en la Argentina. Ahora, eso es semántica, es cómo se lo cuenta, y es algo que convence de cierta manera al público de Cambiemos. Entra perfectamente en su modo de contar las cosas. La idea de un cambio cultural, como cambio social real, es mucho más complejo y no tiene que ver necesariamente con el sistema político. La política articula siempre sus decisiones sobre la necesidad de ganar o perder elecciones, y Pichetto obedece fundamentalmente a esa demanda.

—¿Puede repetirse la experiencia de 2017, cuando la mayoría votó a favor de Cambiemos pese al mal estado de la economía?

—En el 2017, la economía se había calmado bastante. La inflación había subido desde enero hasta abril de 1,6 hasta 2,7, y desde ahí hasta las elecciones desde ese 2,7 hasta 1,5 al momento de las elecciones en octubre. El índice de salarios había tenido un salto positivo importante en julio y con la Ansés colocaron mucho dinero en formato de préstamos a los sectores más humildes. De alguna manera construyeron la idea de una economía tranquila. Se intenta este año ir en la misma dirección. Si lo logran, una experiencia electoral similar es posible.

—¿La situación alrededor de la candidatura de Espert muestra que el gobierno tiene datos sobre una posible derrota en primera vuelta que evite el ballottage?

—Espert es una incomodidad considerable para el gobierno, especialmente en lugares con alta incidencia de clase media como ciudad de Buenos Aires, Mendoza o Rosario. Su promedio nacional está, dependiendo de la semana, entre 4 y 6 puntos, y esos son valores que le quita directamente a Macri.

—¿Los triunfos peronistas en las provincias, de qué modo impactan en la cuestión nacional?

—No impactan directamente, pero han mostrado ser un enorme aprendizaje para el peronismo de que la única posibilidad de victoria es la unidad. La polarización se mantendrá absolutamente. Las decisiones de todos los actores políticos, y los conflictos en los cierres de listas, dejan en evidencia de que solo tiene sentido participar en alguna de esas dos grandes ofertas electorales. La polarización es una característica constante desde hace ya casi un año y el tiempo lo que ha logrado es acrecentar más aún esa situación. El fracaso de Alternativa Federal no tiene que ver tanto con las intenciones de sus actores, sino con los condicionamientos que la sociedad le imprime a quienes quieren intentar algo diverso. Por ahora, casi no existe nada más que los dos jugadores centrales.

—¿Cuáles son las chances de Lavagna?

—De ganar, obviamente, ningunas. Si logran estar en 15 puntos sería todo un logro, aunque por ahora eso parece muy difícil. Son lo único que ha quedado de Alternativa Federal y sus valores de voto expresan la licuación de ese intento.

—Muchos se preguntan por qué habría de ganar Macri el ballottage si en 2015 triunfó, apenas, por un par de puntos. Y la gestión tiene mucha más imagen negativa que positiva.

—Esa pregunta tiene toda la lógica del mundo, y expuesta de ese modo, parece cierta. La misma pregunta se puede hacer sobre Cristina Fernández. Si hoy tiene el doble de imagen negativa que hace cuatro años, ¿por qué deberían votarla? El kirchnerismo que dejó el ejercicio del poder en 2015 no es el mismo de hoy, pero tampoco lo es Macri. Ya nadie es el que era y en ese punto es complejo comprender las migraciones de voto. De cualquier manera, y yendo a lo concreto, hoy Macri está por debajo, por lo que de algún modo representa la idea de la pregunta. Sin embargo, si esa pregunta tuviera toda la certeza, ¿no debería él estar mucho más por debajo? El elemento simbólico del anti kirchnerismo, esto que menciono de Cambiemos como expertos en el “decir” de las cosas, también permite sobre Macri una sobrevivencia asombrosa.

—¿Cómo es el ánimo de los argentinos?

—Aquí está el secreto de las chances de Macri. Como en 2017, aunque partiendo de una condición mucho peor hoy en 2019, las expectativas vuelven a subir. Actualmente las expectativas negativas están a la mitad de lo que estaban hace dos meses.

SUMA. “Alberto Fernández permite presentar al espacio como una oferta de bajas calorías”.

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