La cara oculta de una página triste de la historia

El documental “4 lonkos”, del director platense Sebastián Díaz, se estrena hoy, a las 18, en el cine Arteón (Sarmiento 778). El segundo largometraje de Díaz narra la vida, muerte y profanación de los restos mortales de tres grandes caciques de la Pampa y la Patagonia: Mariano Rosas, Cipriano Catriel y Juan Calfucurá. Luego de la sangrienta Campaña del Desierto, estos caciques fueron deshonrados en nombre de la ciencia, y sus cráneos terminaron engrosando las colecciones de los museos antropológicos argentinos. El documental, que reúne entrevistas con registros de los museos y animaciones, también aborda y cuestiona al figura histórica del Perito Francisco Moreno.

   El director dialogó con Télam sobre cómo fue el proceso de investigación y producción de “4 lonkos”, que además incorpora a la narración a un cuarto cacique: el irreductible Vicente Pincén, quien una vez detenido por el Coronel Villegas sólo pudo ser capturado en cuatro famosas placas fotográficas.

   —¿Qué dificultades ofrece el tema de deconstruir la imagen de personajes de la historia como el Perito Moreno, entre otros?

   —El pedestal donde reposa la imagen del Perito Moreno se cae al emprender cualquier investigación rigurosa. Como decía Osvaldo Bayer, fue un alcahuete, racista y fundador de fascismo, pero además un perverso, un hombre que hizo con los pueblos originarios un gran negocio. En nombre de la ciencia se permitió profanar tumbas, coleccionar cráneos y exhibir indios vivos y muertos en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Hay que leer sus propias crónicas para aseverarlo, y como en este mundo casi todo está sujeto a opinión y tergiversación, decidimos mostrar los fragmentos de sus propias cartas y lo mismo con Estanislao Zeballos, el otro gran apropiador de cabezas.

   —¿Cómo fue tu encuentro con los historiadores y antropólogos?

   —Bayer, con quien realizamos la entrevista en 2015, representó un espaldarazo para mis dos películas. Después la presencia de Marcelo Valko resultó fundamental, esclarecedora y muy didáctica. El testimonio de Carlos Martínez Sarasola fue el primero que filmé. Logramos gran afinidad con Carlos, un entrañable ser humano, e incluso le compartí el material montado de la película para solicitar su opinión y generar correcciones. Otros investigadores que participan, como Fernando Pepe, del Grupo Guías, y Claudia Salomón Tarquini en La Pampa, son muy prestigiosos a nivel académico y yo ya había leído sus libros.

   —¿Cómo pensás que puede cambiar la mirada a la historia argentina poner en vidriera estas trágicas anécdotas de los pueblos originarios?

   —Para aquellos que piensan que Roca, Zeballos y el Perito Moreno merecen pedestales, esta película no les cambiará nada. Esgrimirán que somos peronistas, izquierdistas, anarquistas o que tenemos desviadas intenciones. No me preocupa en absoluto conseguir adeptos para enrolar a la causa. A su vez, tampoco me considero el vocero de los pueblos originarios. Ellos tienen su propia voz, que no es unívoca, sino que tiene muchos matices. Esta película es sólo un aporte más, surgida de una visión personal de la materia en estudio. Mi verdadera y única preocupación es trabajar con respeto y honestidad intelectual. Eso me protege y eleva.

   —¿Cómo trabajaste el enhebrado entre lo documental y la animación?

   —Debido a que el material de archivo fílmico sobre la Campaña del Desierto es nulo, el fotográfico escaso y el gráfico poco atractivo, no queda más remedio que recurrir a la animación. Carlos Escudero y Juan Carlos Camardella, dos genios de la ilustración y la animación digital, me ayudaron a lograrlo. Con el guión literario marcado en las escenas de profanaciones de tumbas para que sean explícitas y crudas, exactamente igual a las de los militares y científicos.

   —¿Cuánto tiempo invertiste en este trabajo?

   —Tres años. Y se puede decir que en el lapso de cinco años realicé dos documentales (el anterior fue “La muralla criolla”) con una misma unidad temática e histórica. Pero si me dan las fuerzas habrá una tercera, “Rally del desierto”, que develará la estafa de la Campaña del Desierto de 1879, que en realidad fue un paseo militar. Nuestro objetivo es seguir rasgando los velos de la historia oculta de nuestra nación para no volver a repetir los mismos errores del pasado.

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