Justos y solidarios: ¿Cómo se construyen los valores de los productos que comercializan los emprendedores?

Desde la Escuela de Emprendimientos Sociales se capacita a emprendedoras y emprendedores en relación a la fijación de precios justos para sus productos, beneficiando a productores y consumidores.

La directora de la Escuela de Emprendimientos Sociales, Marta Sánchez, explicó de qué manera se construyen los precios de los productos que comercializan los emprendedores de la Economía Social de la ciudad y detalló por qué se desalienta el regateo como forma de intercambio. En ese sentido, la funcionaria remarcó que se busca un valor que permita a las y los emprendedores reinvertir en el emprendimiento y que sea accesible al bolsillo del consumidor, a la vez que rechazó la opción de regatear porque no “respetaría el valor del trabajo del emprendedor”.

En primer lugar, es importante remarcar que la construcción de una economía social y solidaria apunta a un sistema socioeconómico caracterizado por las prácticas solidarias, asociativas y cooperativas, basado en la primacía del ser humano y del fin social sobre el capital, que involucra a las personas (individuales y organizadas) y su trabajo. El trabajo es mucho más que un factor de producción: la persona canaliza y desarrolla sus aptitudes, capacidades y potencialidades a través del mismo.

En ese marco, Sánchez resaltó que desde el área que conduce apuntan a “un precio justo construido de manera transparente, solidaria y equitativa, es decir, que no genere especulación, accesible al bolsillo del consumidor, y que a la vez permita a las y los emprendedores reinvertir en el emprendimiento “. Y añadió: “Trabajamos para que las y los emprendedores construyan el precio y sepan que ese valor final tiene una razón de ser ya que, si no pueden cubrir su inversión y recuperar su trabajo, termina por caer su emprendimiento”.

Los precios justos se construyen en base a tres componentes: el primero tiene que ver con recuperar el material de trabajo (la materia prima), es decir los insumos que se compran para el proceso de elaboración del producto; el segundo se basa en retribuir el valor del trabajo (la mano de obra) y allí entran en juego las horas trabajadas, la creatividad, el diseño y el conocimiento, entre otros factores, y en tercer lugar un margen razonable de utilidad que se construye en torno a varios ítems.

Entre los puntos a tener en cuenta, se debe contemplar en el precio final la parte proporcional de los costos fijos (servicios de agua, luz, gas, etc.) y el monotributo u otros gastos de este tipo. Otro elemento a considerar son las contingencias, como por ejemplo la rotura de una máquina, una pérdida, un robo, y el aumento de precios de los insumos, lo que está a la orden del día en una economía inflacionaria. El tercer componente es una ganancia neta que le sirva al emprendedor para poder cubrir los gastos de su vida cotidiana y reinvertir en el emprendimiento, si así lo desea.

“El precio final es transparente, equitativo y está construido sobre esos componentes, recuperándose la inversión que hizo el emprendedor cuando produjo. Los precios de sus productos son razonables, porque además se tienen en cuenta las referencias del mercado, y explicarlo a los consumidores es una manera de defender su trabajo y de sensibilizarlos en relación a por qué el producto tiene ese valor y no otro; no es un precio especulativo, sino un precio justo”, expresó la directora de la Escuela de Emprendimientos Sociales.

Cabe destacar que en los locales de grandes superficies los precios están fijados y no hay margen para la discusión, sumado a la inflación que, según el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Santa Fe, creció 3,1% en diciembre y cerró el año pasado con un acumulado de 50,7%. Sin embargo, a la hora de comprar en pequeños comercios, en ferias, mercados o en la playa, la realidad es diferente y, en este tipo de ámbitos, es donde aparece la oportunidad de regatear o negociar. Es decir, tratar de conseguir un descuento sobre los precios comunicados inicialmente.

“El regateo responde a un preconcepto de algunos consumidores de asociar los productos de la economía social y las ferias con una economía vinculada a los pobres, de baja calidad, y es todo lo contrario”, remarcó Sánchez. Y aclaró: “No somos proclives a la opción de regatear un precio porque no se respetaría el valor del trabajo del emprendedor de Economía Social. El regateo responde a un preconcepto de muchos consumidores de asociarlo con una economía vinculada a los pobres, de baja calidad, y es todo lo contrario”.

Por otro lado, se debe valorar la calidad diferencial que tienen esos productos que no son industrializados, ni estandarizados ni homogéneos; son creativos y tienen originalidad propia. Eso refleja su valiosa singularidad respecto de otros productos.

Rosario, usina de emprendedoras y emprendedores

La Municipalidad de Rosario, a través de la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat, lleva adelante la Escuela de Emprendimientos, un espacio de formación que tiene como fin brindar conocimientos que permitan fortalecer los emprendimientos y facilitar el acceso al financiamiento a los proyectos a través de pequeños incentivos de capital.

Los emprendimientos sociales crecen año tras año de la mano del Estado municipal, que desarrolló y posicionó a la economía social como paradigma socioeconómico para la construcción de una ciudad moderna basada en la promoción y el desarrollo del trabajo digno, inclusivo e igualitario, con modos de producción sustentables y con ciudadanos y consumidores, responsables y proactivos.

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