Jefe sindical, empresario y líder popular, facetas del hombre fuerte del Cordón

Herme Juárez controló por 50 años los contratos de operarios portuarios y sus afiliaciones. Vive con el lujo de un magnate y la adhesión de los obreros.

Para muchos el nombre de Herme Juárez irrumpe hoy como novedad en el escenario informativo. Las personas de la región donde vive saben que el hombre al que se llevaron ayer esposado de su mansión fue durante décadas la figura más poderosa del Cordón Industrial. A su despacho ingresaban los gerentes de Cargill y Bunge no precisamente en posición de imponer condiciones. Pero a su mansión en la avenida Costanera de San Lorenzo, de donde ayer se fue escoltado por la Policía Federal, también iban obreros orgullosos de su conducción. El filo de esa dualidad, ser jefe sindical y empresario, ayer le cortó los talones. Por un lado señalado por el gobierno nacional por haber hecho una fortuna lavando dinero. Por otro un líder popular defendido por los operarios por ofrecer a los estibadores las mejores condiciones laborales de la zona.

En la ciudad de Victoria, donde pasó una infancia pobrísima, de chico vendía vino suelto en la zona del puerto con una manguera al rayo del sol. De allí le viene el apodo, “Vino caliente”. Cruzó el Paraná buscando mejor vida y se estableció en la zona de Puerto San Martín donde se conchabó como peón en el puerto. Se integró a la vida gremial en los años 60 y no tardó en llegar a secretario general del Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (Supa). Pero también al tope de la Cooperativa Puerto General San Martín donde fue su presidente desde 1969. Esta entidad ofrece a las empresas servicios de estibaje, limpieza de buques, descarga de barcazas y movimientos de cargas a granel, entre otros.

Desde el gremio Juárez decidía sobre quiénes se empleaban en el trabajo portuario y desde la cooperativa controlaba las cobranzas por esos servicios. Con ese monopolio estratégico de dos lados no había posibilidad para ningún competidor. Eso implicó un crecimiento multimillonario para la cooperativa que en el polo aceitero más grande del mundo invirtió en tecnología para prestar servicios de calidad que monopolizó el embarque de granos en el norte del cordón. Los datos oficiales reportados por el Ministerio de Seguridad de la Nación señalan que las cuentas bloqueadas ayer de la cooperativa superan los cien millones de dólares.

Fortuna a granel

Para el juez federal de Campana Adrián González Chervay esa fortuna a granel también supuso el crecimiento personal de ese hombre inteligente y de bajo perfil mediante el desvío de fondos a cuentas particulares. Según conocedores estrechos, la residencia donde ayer lo detuvieron la había encargado para emular a la de los Carrington, la familia petrolera de la serie Dinastía. La capacidad de inversión de Vino Caliente se había tornado tan visible como su fuerza para imponer condiciones y tarifas. Ayer en sus ámbitos allanados le encontraron 280 mil dólares en efectivo y cuatro millones de pesos.

En los 90 fue intendente de Puerto San Martín para reemplazar a Lorenzo Domínguez cuando Carlos Reutemann lo convocó como ministro de Salud. Tampoco ahí se despegó de la cooperativa que se armó, lo recuerdan los portuarios, para evitar que las empresas eligieran brazos al pie del buque, “a pique”, en condiciones desfavorables para el trabajador. Con eso se terminó formando una empresa exitosa que evitaba situaciones de explotación. Por eso ayer entre las máquinas paradas lo que campeaba entre los 1.500 trabajadores de la cooperativa era un clima de tristeza.

Su manejo del sindicato era a mano de hierro. En el complejo oleaginoso Juárez tomaba las decisiones. En las negociaciones de salario aparecía rodeado por dos robustos custodios, camisa abierta que dejaba ver un collar de oro, las manos llenas de anillos dorados, uno altamente pomposo. En esas reuniones lo recuerdan solvente y creando ambientes de respeto a los empresarios. No en vano llevaba él mismo 50 años de mando en una empresa. Por eso mismo a solas con ellos manejaba como nadie esas pulseadas. Porque las maniobras de empresas las sabía a la perfección porque él hacía los servicios. No sólo de carga y descarga, sino de qué se carga, cuánto, a qué precio, con qué destino real o fraguado y con qué declaraciones aduaneras.

Pero no fue esa imagen a lo Vito Corleone lo que terminó en la tan distribuida foto de ayer con las esposas. Varios paros por tarifas en las labores en 2010, que paralizó la exportación de soja, habían generado más que escozor en capitalistas, que tenían que afrontar hasta 25 mil dólares diarios de costos por buque amarado. Empresarios del sector lo denunciaron ante el Ministerio de Transporte y de Trabajo. En 2017 Mauricio Macri lo colocó sin nombrarlo como símbolo de sindicalismo mafioso junto a otros seis gremialistas previo al paro general del 6 de abril.

El recado pareció llegar a destino porque el intocable Juárez aceptó rápidamente flexibilizar ese rigor monopólico. Con la prisión de Ricardo “Caballo” Suárez, sindicalista portuario marítimo acusado de lo mismo, acordó con funcionarios nacionales y la Cámara de Puertos Privados y Comerciales bajar tarifas para cargar las naves hasta un 40 por ciento, lo que le significó el elogio del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich.

Fue un paliativo no menor que Vino Caliente, decían ayer sus íntimos, supo que no alcanzaba. En los dos últimos años casi no dio entrevistas y vivió encerrado, esperando que se la dieran. Esa certidumbre se cumplió ayer cuando llegaron a llevárselo.

Modelo en bancarrota

Es una sucesión que lo pone en fila inevitable con el Caballo Suárez o con Marcelo Balcedo, el secretario general de Soeme todavía preso que buscaron en su casa de Punta del Este con autos de lujo y 500 mil dólares en efectivo. Pero lo que lo hinca de rodillas y vuelve difícil de defender es el modelo de sindicalista empresario y millonario que encarna. Su detención a una semana de las elecciones primarias se vuelve un notable golpe de efecto electoral. Los informes oficiales sobre los 30 allanamientos de ayer no vinieron de la Justicia Federal sino de los equipos de prensa de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Es pensable que el mazazo a un sindicalista hundido en el desprestigio puede ser la avanzada legitimadora para reformas que, como la previsional y laboral, están en la agenda aspiracional del oficialismo, y afectarán al campo del empleo.

Pero también es cierto que la avanzada se da a requerimiento de jueces por delitos económicos graves y contra gremialistas que se han vuelto magnates. Un hombre que armó su imperio de influencia durante una vida al lado del río y ahora hace agua.

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