Hay que defender el cine argentino en todas las salas comerciales”

El presidente designado del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), Luis Puenzo, aseguró en charla con Télam que la nueva gestión del ente rector del cine exigirá un cumplimiento irrestricto de la ley en lo que se refiere a las obligaciones de exhibición de cine argentino en salas comerciales y que el año próximo auspiciará una actualización de la Ley de Cine, que contemple el cobro de tributos por la exhibición de contenidos audiovisuales en plataformas digitales.

El realizador de “La historia oficial”, primer Oscar del cine argentino (ver aparte), se reunió con las entidades de la industria del cine en la Escuela de Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc) y destacó algunas de las ideas que guiarán su accionar al frente de la entidad que rige el fomento, la producción y exhibición del cine argentino.

—Al ritmo de los avances tecnológicos y la aparición de nuevas formas de producción y exhibición, ¿debe el Incaa dedicarse al fomento solamente de películas o abarcar las nuevas formas que presenta lo audiovisual?

—El cine ya no es sólo cine, el cine es el audiovisual y esto no es de ahora; en 1994 con la Ley de Cine le cambiamos el nombre de Instituto Nacional de Cinematografía a Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, porque aún cuando todavía no existían ni las plataformas, ni internet era de uso masivo, ni había celulares y el mundo del cine era analógico, se veía venir que el cine se estaba transformando en el audiovisual y si entonces eso se veía venir, en la actualidad está claro que eso ya ocurrió.

EM_DASH¿Deben las plataformas pagar el impuesto que ya pagan las entradas de cine y la televisión por la exhibición de películas y que se utiliza para el fomento de nuevas producciones?

—Cuando nos pusimos a trabajar en la Ley de Cine en 1992 no la inventamos sino que trabajamos sobre una ley que venía de la década del 50 y ahí ya estaba explicitado el concepto de fomento y que el 10 por ciento de la entrada que el espectador pagaba en salas iba a integrar un fondo de fomento. Eso venía de la década del 50, lo que los directores, productores y actores les dijimos a los legisladores en los 90 es que a diferencia de los 50 en ese momento el cine se veía de variadas maneras, estaba la sala pero también la televisión, el cable, los videoclubes, el VHS y a los legisladores les pareció razonable que si estaba probado desde los años 50 que el espectador paga un impuesto por su entrada había que extender el impuesto a las nuevas formas de exhibición. Ahora es igual, es innegable que el streaming y todas las nuevas formas de ver audiovisuales en todo tipo de pantallas nos obliga a extender ese 10 por ciento para el fomento a todas las formas de exhibición y que eso no es más que mantener actualizado el sistema que rige el fomento del cine en la Argentina.

—¿Entonces hay que trabajar en una nueva ley?

—Más allá de la crisis política y económica que estamos viviendo, sin ignorar que los problemas más acuciantes del país son el hambre y la deuda externa, sin ignorar que el cine no es una burbuja ajena a esta realidad de país, sí creemos y así lo hablamos con el presidente Alberto Fernández, que la cultura merece ser cuidada en el contexto del país en que vivimos y en este marco es necesario trabajar de nuevo en la ley del audiovisual, no sólo por la actualización necesaria respecto de los cambios tecnológicos sino también porque en la actualidad hay una ensalada de leyes, algunas de ellas en colisión, que incluyen al cine y lo audiovisual, que hay que ordenar. Somos conscientes que no en el período de emergencia pero cuando el país se normalice -soy uno de los convencidos que va a ocurrir- y cuando los legisladores puedan pensar en algo más que la emergencia vamos a ir al Congreso y vamos a trabajar de nuevo en la ley del audiovisual.

—¿Cómo pensar al cine argentino en sus particularidades para desde allí elaborar las políticas propias?

—Creo que tenemos una industria que tiene dos vertientes muy claras: la industrial y la cultural. El cine se inventó entre la década de 1880 y 1900, y nosotros tenemos cine nacional desde 1910, así que podemos decir que tenemos un cine tan viejo como el cine. En esta historia de más de 100 años tenemos cine y tenemos un cine que se caracterizó siempre por lo autoral, un cine que lo hicieron los directores y los escritores y guionistas, con gente ilustre como Homero Manzi, por citar solo un nombre, esa vertiente cultural llega a la actualidad con una potencia muy fuerte en los jóvenes, el cine independiente que nació de la emergencia de la nueva ley de los 90 y la aparición de las escuelas de cine le dio un impulso muy fuerte a esta vertiente que no tenemos que abandonar, y además, de toda la vida, tenemos también una vertiente industrial fuertísima, como el cine de oro de los 40 y los 50. Esas dos vertientes que hacen a un cine que tiene su eje cultural e industrial es lo que tenemos que proteger, proteger nuestra tradición. En las actuales circunstancias, en un país en crisis, nosotros tenemos que apoyarnos muy fuerte en el costado industrial para que ese cine pueda servir al país y servir al costado cultural del cine. El lado industrial tiene que ser muy fuerte para que el lado cultural sea posible.

—En las últimas décadas, el cine argentino tiene un problema grave en la exhibición.

—El abanico del cine arranca en la exhibición en salas, nosotros necesitamos las salas, por mucho que algunos digan que se va a acabar la exhibición en salas, algo antiguo porque ya se decía con la aparición de la televisión. Hay un ejemplo claro y es Hollywood, que defiende con uñas y dientes las salas. Nosotros tenemos que tener muy en claro que no podemos abandonar el cine de salas, hay que defender el cine argentino en los cines y eso será uno de los ejes centrales de nuestra gestión, defender y hacer cumplir lo que dice la Ley de Cine, debe haber un cumplimiento irrestricto de la cuota de pantalla y todo lo referido a la exhibición de cine argentino en salas.

—Este año la industria audiovisual se hiperconcentró y eso repercute luego en las pantallas de exhibición.

—Se trata del cumplimiento irrestricto de la ley. Un semáforo en rojo significa que un automóvil se debe detener, no importa si uno viene conduciendo una Ferrari o un Fiat 600; con el cine es lo mismo: la ley manda.

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