Hallaron en el río el cuerpo del joven que desapareció en La Fluvial

Carlos Orellano, de 23 años, desapareció el lunes a la madrugada del boliche “Ming”, en la Estación Fluvial. Dos días transcurrieron para que el cuerpo emergiera, ayer a las 15.15, a unos veinte metros del lugar donde cayó a metros del mismo boliche. Dos días permaneció allí la familia Orellano y cientos de amigos acompañándolos. Cuando apareció todo fue gritos de indignación y llanto. Hombres duros llorando junto a sus esposas, amigas, hijos e hijas. El cuerpo emergió hinchado y cubierto de barro. Todo indica que quedó enganchado debajo del agua, casi enfrente de la guardería náutica, una zona donde hay vías viejas, escombros, maderas y restos de los antiguos muelles portuarios.

   Carlos Orellano trabajaba en una fábrica de electrodomésticos. Era Dani para su familia y “Bocacha” los amigos con los que iba a la cancha de Rosario Central. Se había criado en el río, ahí aprendió a nadar a los cinco años. El muchacho había llegado al iniciarse la madrugada del lunes al boliche acompañado de una pareja y dos amigos más. “Viste como es, uno llega al boliche, da vueltas, va y viene. Por ahí uno ni sabe donde está su amigo”, comento Diego, un íntimo de la cancha de “Bocacha”.

Hipótesis diversas

Las hipótesis de lo sucedido con el chico son varias y ahora se espera que el cuerpo hable en la autopsia. Entre las líneas a examinar aparece la que sostuvo Edgardo, el padre del muchacho: “Me siento como un padre al que le arrebataron a un hijo por una pulsera. Su delito fue haber entrado al VIP (de Ming) sin la pulsera. Ahí empieza todo, en vez de pedirle que se retirara lo empujaron de arriba de la tarima del mismo VIP, le golpearon contra el piso, él se enoja y ahí lo amansan y lo sacan a las trompadas desde el boliche para acá”.

   Edgardo continuó con el relato que le hicieron amigos que estaban con su hijo en el boliche. “En un momento lo llevan hasta el muelle 3 (la escalera por donde se accede a la lancha que va a la isla), en vez de sacarlo para el lado de avenida Belgrano. Lo aprietan contra la baranda y él pasa para el otro lado. Ahí no se sabe si lo empujan o si le pegan una trompada y cae desmayado al agua”.

   Sobre la información de quiénes podrían haber golpeado a su hijo Orellano señaló: “había dos de camisa blanca y otros de camisa de otro color. No había mucha claridad a esa hora pero algunos que estaban sobre el muelle vieron a tres personas”. Una vez que se encontró cuerpo Edgardo sostuvo que “cuando lo apretaron y le pegaron había gente pescando sobre el mismo muelle que vio cómo discutían y le pegaban y lo apretaba contra la baranda. Cuando llegó ahí, acorralado y asustado, había personas que tal vez lo cuenten. Voy a buscar y exigir que se haga Justicia y a que estos les den cadena perpetua, la vida ya se me fue, sólo me queda pelear”.

“Sí había denuncia”

Edgardo se quejó de lo que llamó las idas y vueltas policiales. “Lo que más me enoja es que en la seccional 2ª dijeron que no había denuncias sobre la desaparición y sí estaban. Algo quisieron ocultar. Acá no hay negligencia hay otra cosa y sobre todo desobedecieron la orden de la fiscal Valeria Piazza que había ordenado relevar denuncias”. Edgardo lucía asombrado e indignado. “La noche del lunes se hizo otra fiesta en el boliche y baldearon dos veces el local, pero las manchas de sangre quedan. El dueño del boliche dijo que del portón para afuera no es problema de él”, afirmó Edgardo.

   Una serie de datos no le cerraban a la fiscal de Homicidios Culposos Valeria Piazza, que tomó el caso en un primer momento. La familia Orellano, ante la ausencia de Dani, denunció su desaparición en la seccional 20ª de Empalme Graneros, y después de unas horas les explicaron que sobre el tema ya había una denuncia en la seccional 2ª. Esa denuncia la efectuó una empleada policial que cumplía adicionales. Ella declaró que alrededor de las 5 de la mañana observó que un hombre se encontraba detrás de la baranda del muelle 3 y de pronto escuchó como cayó al río. A la fiscal no la convenció la tardanza con que apareció la denuncia en la 2ª y por eso se focalizó en Ming. El fiscal Gonzalo Fernandez Bussy, de Violencia Institucional, tomó el caso y trabajó con Asuntos Internos. Averiguó a secuestrar el libro de guardia a la comisaría 2ª para determinar quién estaba haciendo adicionales y por qué no tenían para entonces secuestro de imágenes de cámaras. Se secuestraron posteriormente los teléfonos celulares de todos los patovicas y policías.

Hipótesis diversas

Los fiscales de Homicidios Dolosos Patricio Saldutti y Adrián Spelta, y de Homicidios Culposos Valeria Piazza Iglesias se mantuvieron en el lugar, pero el caso recayó en Saldutti quien determinó que la autopsia se realice por el protocolo de Minesotta, que es un procedimiento recomendado por la ONU para garantizar transparencia cuando hay presunción de que actores del Estado pueden estar implicados en una muerte violenta. También ordenó que no participara en la investigación ni en las pericias de laboratorios posteriores fuerzas de la policía de la provincia, por lo que la pesquisa la tomaron la Policía Federal y la Prefectura Naval.

   “La carátula aún no está determinada y no está participando la policía provincial”, señaló el fiscal Saldutti. “Nos manejamos con el Organismo de Investigaciones (OI), la Dirección de Asuntos Internos y las fuerzas federales. Cautelamos las cámaras de adentro del boliche, que nos dijeron que no grabaron nada, y las cámaras públicas y privadas de la zona.

Además secuestramos los teléfonos de los doce hombres de seguridad y de los dos policías que estaban haciendo adicionales”. El funcionario agregó que “la gente de seguridad desconoce que se hubiera producido algún tipo de hecho violento o un problema de seguridad”.

El abogado de la familia

Salvador Vera, abogado de la familia, sostuvo que hubo graves irregularidades en el proceso de investigación por la falta del muchacho y apuntó por ellas al personal de seguridad privada del local y a algunos policías adicionales.

   “Comprobamos una relación entre una de las policías y un patovica. Es un caso muy difícil y muy complejo en la resolución, hay una persona que desapareció por unos días y que apareció flotando en el río. Se trataron de articular medidas necesarias. La fiscalía debería estar considerando la detención de estos agentes que prestaban adicionales y la del jefe de seguridad del boliche en función de severas contradicciones en sus declaraciones”.

   “Nos abocamos a acompañar a la familia y creo que hubo una actividad casi delictual por parte de los agentes policiales y esto permitió que el boliche abriera”, sostuvo VEra. Esperamos que las autoridades de la unidad de corrupción policial proceda en este sentido”.    

   Cuando todo terminó, cuando ya se supo que el muerto era “Bocacha”, el llanto y la bronca se adueñaron de los 500 amigos y vecinos de Empalme Graneros, el barrio en que nació el chico. Amigos que se acercaron a soportar el dolor de la familia y fueron testigos del llanto desesperado de su madre y del dolor contenido de su padre. Cuando cayó la tarde del Miercoles de Ceniza todos aplaudieron y pidieron Justicia, sólo para sentirse que no estaban solos.

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