Es muy fuerte ver cómo los recién nacidos se empeñan en vivir”El jefe de sala del Hospital Italiano, Raúl Spicher, habla de sus experiencias en neonatología, ese lugar donde médicos, enfermeros, técnicos y familias dan todo para que los bebés superen las adversidades.

Toda persona que haya tenido un hijo o una hija internado en neonatología sabe que allí, en ese lugar especial repleto de máquinas, incubadoras y cables, el tiempo se detiene y toma otra dimensión. Las emociones están a flor de piel, al igual que los temores y las lágrimas. El miedo es capaz de crecer hasta límites insospechados. Pero donde médicos y enfermeros van de un lado a otro, donde intercambian información y gestos, allí también hay lugar para las alegrías, y sobre todo para la esperanza, que por momentos toma una fuerza inusitada.

“Es muy fuerte ver a los recién nacidos en esa circunstancia. Aunque uno pase mucho tiempo trabajando termina de acostumbrarse a algunas situaciones que son emocionalmente fuertes. Hay un deseo de supervivencia que se respira, que se siente. Por eso los médicos —y todos los trabajadores de la sala— ponen el alma en el trabajo. La neo es un lugar muy pero muy particular. Lo técnico, la destreza profesional, tienen una relevancia enorme, pero lo humano es clave”, reflexiona Raúl Spicher, jefe de sala de la neonatología del Hospital Italiano de Rosario.

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