El cine dentro del cine en un filme de adicciones, amistad y despedidas

Hay películas que surgen de un deseo compartido. Y también de una profunda amistad. Este es el caso de «Baldío». El filme de Inés de Oliveira Cézar, que se estrena hoy en Rosario, además de tocar la problemática de las adicciones desde la perspectiva de los familiares, es una suerte de despedida a la actriz Mónica Galán, que falleció en enero pasado y que quiso filmar esta historia cuando ya sabía que el tiempo de vida se le acortaba.

«Mónica me contó que tenía esta idea y que le gustaría que hiciéramos una película desde esta perspectiva, que no pone en el primer plano al adicto sino a los que lo rodean; ella quería que la hiciéramos y a mí me interesaba mucho porque con Mónica teníamos muchas afinidades en la forma de ver determinadas cosas, éramos muy amigas y las dos sabíamos que ella tenía el tiempo acotado», cuenta De Oliveira Cézar en una charla a propósito de la génesis del filme.

«De algún modo decidimos que esta podía ser una despedida maravillosa y que podíamos darnos el gusto de trabajar juntas de nuevo y a partir de ahí todo se hilvanó muy orgánicamente. Es una película que surgió de un deseo compartido y de la convicción de querer hacerla en el momento justo y el lugar correcto», destaca la realizadora.

Además de Mónica Galán que, en una historia conocida, hace de una actriz que está filmando una película al tiempo que vive entrampada en la situación de un hijo adulto que cae en la adicción al paco, el filme está protagonizado también por Rafael Spregelburd, Lalo Rotavería, Gabriel Corrado, Mónica Raiola, Luis Brandoni y Alberto Suárez, entre otros.

«La película, filmada en blanco y negro, se concentra en lo que le va pasando a una mujer que trata de acompañar la adicción de su hijo con mucha incertidumbre y con muy pocas posibilidades de intervenir, mientras desarrolla su profesión y su vida: es actriz y está filmando una película», detalla De Oliveira Cézar.

EM_DASH¿La manera de enfocar la temática de la adicción es diferente a la habitual del cine?

—Me interesaba ese cambio de perspectiva general porque en el cine es muy común que se cuenten historias de locos o adictos en primera persona y me pareció interesante concentrarnos en lo que pasa con el entorno, donde hay otro tipo de sufrimiento y otro tipo de proceso, mucho más silencioso al loco o al adicto que hacen ruido y son, de algún modo, espectaculares.

—¿En el filme hay una línea más narrativa y otra que indaga más en los climas?

—En general yo trabajo con mucha libertad en mis películas, no me ato mucho a la línea narrativa clásica, si bien esta es una película fuerte, de hechos contundentes y que tiene una línea de acción que avanza pero no es cerrada porque me interesa más que la película crezca a lo ancho que a lo largo.

—En ese sentido el último plano es muy logrado y al mismo tiempo habla de esta suerte de despedida de Mónica de la que hablabas.

—La película tenía otro final con una escena completa pero cuando estábamos filmando este plano en la terraza yo la vi a Mónica y me pasó algo muy fuerte; en el set todo el mundo estaba esperando que yo pidiera corte porque la escena de algún modo había terminado hacía 20 años pero estaba como hipnotizada. Me pasó que seguía dándole indicaciones al director de fotografía y el plano duró un montón porque me estaba dando cuenta ahí que la película terminaba con eso. Habíamos hecho otro final, el plano más caro de toda la película, con un montón de actores, extras, que es el día de estreno de la película que ellos están filmando, pero yo tenía la convicción, y en simultáneo la tuvo la montajista cuando hizo el primer corte, que el final era la escena de Mónica en la terraza en ese plano tan largo.

—¿Cómo fue el rodaje?

—A medida que la película avanzaba, Mónica, Saula Benavente (coguionista y sobrina de Mónica), Graciela (directora de arte y hermana de Mónica) y yo sólo pensábamos en la película y estábamos totalmente concentradas en eso, pero también sabíamos que en algún momento íbamos a terminar el rodaje y que los tiempos de Mónica se iban acortando. Hubiéramos deseado que viera el estreno, pero nos contentamos con que pudo ver un primer corte de la película en septiembre pasado que proyectamos en la DAC (Directores Argentinos Cinematográficos).

EM_DASHAdemás de la problemática del hijo, el personaje de Mónica es una actriz rodando una película.

—Eso tiene mucho que ver con la historia de ella y la mía. Mónica hizo infinidad de películas (más de 30) y tiras de televisión. Su vida estuvo siempre marcada por su trabajo como actriz, entonces es algo que no podíamos escindir.

—El rodaje de esa película le da mucho aire a «Baldío», aparece el humor, cierta distensión.

—Sí, ahí aparece la posibilidad de ironizar nuestras profesiones: Mónica era actriz, Rafael (Spregelburd) es director, yo soy directora de cine, estamos acostumbrados a vivir la vida en un set y acá jugamos un poco con eso, con todos los quilombos que hay siempre en un set, porque siempre que están rodando parece que el mundo se cae todos los días, siempre hay urgencias: no llegó la luz y es gravísimo porque tenés que levantar el plano, el actor llegó tarde y es un horror porque no se puede filmar, en un rodaje todo es un escándalo. Lo que nos divertía es que la protagonista también vive en un estado de urgencia permanente, por lo que le pasa en su vida, pero con una gran diferencia: estas urgencias que ella vive en el set al lado de las urgencias que vive en su casa son casi una ironía.

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