Aceptó una pena de 14 años por matar a una chica frente a un boliche

Sí, señor. Me hago responsable”. Con esas cinco palabras, Gustavo Darío Espínola aceptó 14 años de prisión por atacar a tiros en 2014 el boliche Dorian, donde una bala alcanzó en la cabeza a una chica de 17 años que esperaba un taxi y la mató. La ráfaga de disparos también hirió a otros dos muchachos en la puerta del local de Presidente Perón al 5600, luego cerrado tras una serie de marchas y reclamos. “Paraguayito”, como le dicen al condenado, fue detenido tres años después y ayer se hizo cargo del crimen en un juicio abreviado. Los padres de la adolescente consintieron la condena para poner fin a “una pesadilla” y que “Rocío descanse en paz”.

“Ya está”, dijeron al salir de la audiencia los padres de Rocío Martín, la chica asesinada frente al boliche el 13 de abril de 2014. Esa noche no quería salir pero sus amigas la convencieron: era su cumpleaños. La bala la alcanzó por azar. “Los años que le dieron de condena no valen una vida. Pero por lo menos no va a seguir haciendo maldad”, reflexionaron Marcela Céspedes y Miguel Angel Martín tras hundirse en el abrazo de sus familiares. Fue el cierre de un ciclo que definieron como tortuoso: “Fue una pesadilla. Es una tortura en cada audiencia tener que verle la cara (al acusado)”. Por eso aceptaron la pena, “para que Rocío descanse en paz”.

Los 14 años de prisión fueron acordados en un procedimiento abreviado entre el fiscal Adrián Spelta y la defensora pública Andrea Siragusa. El acuerdo declara a Espínola, de 29 años, autor de varios delitos: el homicidio agravado por el uso de arma de fuego de Rocío, la portación ilegal de un arma de guerra y el intento de homicidio de otros dos jóvenes baleados esa noche. El abogado Valentín Hereñú, que acompaña a los padres de Rocío desde el Centro de Asistencia Judicial, consintió la condena.

La sentencia fue dictada por los jueces Nicolás Foppiani, Gustavo Pérez de Urrechu y Facundo Becerra. Antes, la defensora les pidió que analizaran el caso porque tanto ella como el defensor regional Gustavo Franceschetti consideraban las pruebas como insuficientes, aunque firmó el acuerdo respetando la voluntad del acusado. El tribunal analizó el planteo y, con el voto en disidencia de Pérez de Urrechu decidió que se trataba de cuestiones de la relación privada entre el imputado y la defensa.

Ráfaga mortal

El 13 de abril de 2014, unas veinte personas estaban en la puerta del boliche Dorian cuando faltaban minutos para las 6 y el local estaba por cerrar. Una moto CG Titán pasó por el frente y el conductor disparó a mansalva. Detrás de él iba sentada una mujer rubia de campera blanca.

En ese momento Rocío Judith Martín, de 17 años, esperaba un taxi sobre la calle, cerca de su hermano mayor. Tras la ráfaga de disparos cayó desplomada al piso con una bala en la cabeza y murió poco más tarde en el Hospital Carrasco. Otras dos personas fueron alcanzadas por los plomos. Ricardo L., entonces de 25 años, terminó internado con un tiro en el pecho; Miguel P., de 19, fue herido en el pie izquierdo. En el lugar se secuestraron siete vainas calibre 9 milímetros, tres trozos de plomo y esquirlas que llegaron hasta la cocina del boliche.

Gustavo Darío “Paraguayito” Espínola, fue detenido en junio de 2017. Según testigos, esa noche había estado en el boliche y tras ser echado por los patovicas prometió volver a vengarse. El fiscal Spelta precisó ayer que el primer dato sobre el homicida le llegó por Facebook a una familiar de Rocío: una testigo le reveló que había sido “Gustavo Morán”, apellido materno del acusado.

Esa persona declaró como testigo de identidad reservada y contó que estuvo en la puerta del boliche, lo que mostró en las filmaciones de cámaras del local y de un depósito lindero: “Los disparos los tiraba un hombre que yo conozco, que le dicen Gustavo Morán pero que se llama Gustavo Espínola. Iba en su moto, una Honda CG Titán negra o azul. El manejaba y tiraba. Como acompañante iba su mujer. Lo pude ver bien. Él y la moto son reconocibles”.

Otro testigo fue uno de los tres hermanos de Rocío, que estaba con ella. “Estaba parado por el lado de Godoy, a unos cinco metros de mi hermana, y vi el momento en que pasó la moto disparando. Lo pude ver de frente, el que iba en la moto tenía puesta una capucha y una campera pero se le veía la cara, tenía un diente de lata”, declaró. Y apuntó sin dudar en una rueda judicial al acusado que ayer aceptó su condena, cinco años después del crimen.

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